Hoy quiero escribir para ti.
Sabes, cuando te veo quiero cuidarte como una niña... Me parece tan tierno ver tu sonrisa y tan graciosa la forma en cómo te tapas la cara para evitar que vea que te sonrojas.
Es bastante irónico todo esto... por lo menos un poco. Porque yo te quiero cuidar como una niña, pero tú me haces sentir como una. Y es que no logro entender cómo tu voz tan dulce y delicada logra sostener tanto peso que mi voz representa.
Aunque te guste mucho el invierno, para mí eres la primavera, donde todo es tan colorido como tú y tus ojos tan bellos...
Tan bellos y tan tristes, y aunque parezca un hechizo, cada que sonríes es como si todo eso tan profundo que pudieses transmitir en ellos se esfumara, y solo hay una niña sonriendo y siendo feliz, así sea por unos segundos.
Últimamente he pensado mucho en el miedo que me provoca tantas cosas de mi vida al tiempo: mis emociones, el dinero, el trabajo, el amor. Y me gustaría poder tener tanto vocabulario para que entiendas un poco mi realidad de pensamiento, pero lo único que puedo hacer es demostrarte cómo te quiero y un poco de mi realidad a medias, con pedazos algo crudos de temer.
Y aunque tenga muchas ganas de huir, tú, con tus gestos de amor, haces que me quede.
No sé cómo explicarlo, pero es algo parecido al temor, pero si me preguntas de qué color es ese temor, extrañamente es de color rosa. Como mi color.
Se supone que este escrito es de amor, pero siento que puedo sentir mucho más que eso contigo y a través de ti.
Es extraña la forma en cómo me siento niña. Me gustaría, de cierta forma, ser así de espontánea en mi pura realidad. Cuando hablo contigo es como entrar a mi apartamento y descansar. Creo que por eso me gustaría sentirme así en mi realidad, tal vez no sentir todo como un campo de batalla, porque cuando hablo contigo o comparto contigo hace que se caiga toda armadura que tenga. Es como si fueras una energía milagrosa que es capaz de derribar todo lo pesado de los demás.
Cosa que, si le preguntan a la Danna que cuida, me preocupa, porque no quiero afectarte tanto. Pero es que es tan irónico porque soy tanto y te quiero tanto como el tamaño de esa montaña que toca el cielo. Y así mismo, con esa fuerza, trato de sostenerte, tal cual tú me sostienes con tu delicadeza y amor.
No hablo de recordarte de lo mucho que eres capaz, porque a pesar de recordártelo, prefiero acompañarte, ayudarte, verte lograr las cosas.
A veces siento que la vida es una hoja de papel que fácilmente se puede arrugar y romper, por eso muchas veces trato de no pensar en los miedos que tengo y las tijeras que representan ellos. Y aunque eso a veces me haga cuestionarme muchas cosas de la vida, no quiero hacerlo contigo. No quiero perder ese anaranjar del amanecer que representas ahora en mi vida y que quiero que representes. No quisiera perderte o extrañarte.
Te quiero.
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